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Traición

No existe nada más doloroso para el alma que la traición. Siempre surge de las personas que queremos y confiamos. Es una de las experiencias más dolorosas que podemos experimentar. No importa si la traición es por parte de la pareja, de un familiar, o de un amigo. Cuando quiebran nuestra confianza, se abre una herida tan grande que tarda años en sanar y, en algunas ocasiones, esas heridas nunca se cierran.

Del enemigo siempre se puede esperar el mal, porque el enemigo por definición odia y odiar es lo contrario de amar, es desear y hacer el mal. Del amigo o de aquella persona que queremos se espera el bien, por eso, la traición cuando es de quien no esperamos es muy dolorosa.

Quienes sufren una traición suelen verse emocionalmente afectados. Es difícil entender el motivo de la traición, porque ha venido de quien gozaba de su amistad y confianza. Por ello, la traición suele acarrear ansiedad, depresión e inseguridad. Dependiendo de cómo de grande fuese la traición, puede llevar al afectado a vivir en un estado de constante alerta, cambiando su trato con quien lo traicionó.

Cómo superar una traición:

La primera herida que deja la traición es la desconfianza. Una vez traicionada, la persona puede empezar a desconfiar de todas las personas que le rodean.

El dolor es tan intenso que no quiere volver a caer en él y tomará todas las precauciones posibles para alejarse de ello. Para mitigar ese dolor y no caer la desconfianza más absoluta, debemos:

Entender qué ha pasado.

No debemos culpabilizarnos.

Darnos tiempo.

Realizar un balance de lo ocurrido.

Aunque la traición siempre duela y sea un trago muy amargo, no tenemos que dejar que ello nos traumatice. Y en algunos casos debemos aprender a sentarnos en la misma mesa con Judas, sin que nos robe la paz.

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