Extra
Destacados

Columnistas

Ni se te ocurra

La Justicia en nuestro país es tan frágil y benevolente que permite que un hombre que dejó parapléjico a un chofer de micro termine en libertad en menos de lo que canta un pitogüe. Derlis Mosqueda reconoció plenamente a Daniel Villar. Dijo que este lo baleó cuando él estaba conduciendo una unidad de la Línea 18. Contó que Villar también es conductor en la misma empresa, pero que forma parte de otro grupo con el que hay un conflicto. La fiscala Rosalba Enciso ordenó que el presunto autor quede libre y familiares de la víctima se manifestaron ayer en su contra. Mosqueda quedó en silla de ruedas. Villar tiene antecedentes: había sido denunciado por abuso sexual en niños.

Días atrás, un tipo que manejaba borracho terminó entrando con su auto en una lomitería, en la zona de Acceso Sur. El autor quedó en libertad y ni siquiera se está haciendo cargo de los destrozos que ocasionó y de los gastos médicos de una de las propietarias, que no murió por un pelito. Los afectados dijeron que el automovilista hasta se rió de ellos, ka'úre, afirmando que no les pasó nada. Claudia B. quedó con uno de los senos completamente moretonado a raíz de la golpiza que le propinó su expareja, a quien identificó como Miguel Marecos. El violento suceso ocurrió en Itacurubí de la Cordillera y la mujer quedó con el rostro desfigurado a causa de las trompadas. El sujeto está prófugo y la afectada denuncia que los policías no hacen casi nada por capturarlo, pese a una orden de arresto.

Cuando la Justicia y las autoridades del orden fusionan su ineptitud se fomenta la impunidad. Cuando las injusticias azotan a la sociedad, la “justicia por mano propia” se disemina y esto se traslada a otras áreas, como la política. Paraguayo Cubas se está ganando mucha popularidad porque incurre a la violencia como principal aliada. Sus adeptos celebran sus cintarazos y chorros de agua en la cara contra autoridades. Hemos llegado a un punto en que la brutalidad gana terreno y el debate y el diálogo pierden por goleada. Hemos llegado a un punto en que el “ni se te ocurra” ya no asusta a nadie. Ya tú sabes.

Dejá tu comentario