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Montón de nada

El estallido de pistolas se repetía. Uno, dos, tres, mil veces. Algunos se tapaban el rostro con sus remeras, se agazapaban. Las corridas eran constantes. La turba destrozó todo a su paso. Más de una docena de vehículos quedó con el parabrisas roto. Niños pasaron momentos de terror. El infierno se desató en las adyacencias del SND Arena, donde anoche debía disputarse la segunda final del campeonato de Futsal FIFA entre Olimpia y Cerro. Poco después de la balacera, se confirmó lo peor: un fallecido.

Lo que quedó en el enfrentamiento a tiros entre olimpistas y cerristas fue un escenario de guerra. Vainillas servidas, un cuchillo de carnicero en el piso, ventanales rotos, parabrisas con agujeros.

Los delincuentes hicieron lo que se les cantó la regalada gana. Como se creen dueños de todo, incluso de la vida de los demás, aborrecen a los que no simpaticen con sus colores. Pfff, qué va, si hasta entre ellos mismos se matan al dos por tres.

¿El color de un trapo vale más que una vida? Para ellos sí, son códigos terroríficos con que se manejan. Lo peor de todo es que el ego de los simpatizantes de la cultura del “aguante” es inflado por dirigentes que financian su presencia en los escenarios deportivos.

El origen de la sangrienta velada de anoche, al parecer, estuvo en el control antidoping, porque jugadores de Cerro Porteño se habrían opuesto a pasar por el control. ¿Y si en lugar de gastar millones en estudios toxicológicos a deportistas se le practica el antidoping a los inadaptados? Suena descabellado quizás, pero no debemos dar más cabida a asesinos que se disfrazan de barras para sembrar el terror en un encuentro deportivo.

Hay que arrancar de raíz este cáncer de un montón de vagos que te aprietan siempre en la esquina para hacer “el aguante”. ¡El aguante... las pelotas! Son un montón de nada los barrabravas. Todos, sin excepción. Lo más triste es que, incluso así, estos asesinos están ganando por goleada hoy en nuestra sociedad. Ya tú sabes.

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