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Los sumisos en una relación tóxica

Carlos FrancoPor Carlos Franco

Gracias a las denuncias periodísticas nos enteramos de que un montón de señoritas muy lindas pero de dudosa preparación académica trabajan en el Congreso, percibiendo millonarios sueldos con el cual sueñan médicos y docentes de este simpático país.

A muchas de estas sensuales mujeres hasta les cuesta hablar en castellano entendible, pero “mágicamente” acceden a los mejores cargos sin siquiera concursar.

Aunque los paraguayos sabemos por qué están ahí no quiero caer en el insulto fácil a estas mujeres, que simplemente le sacan el jugo a su belleza, en un país donde los tramposos prevalecen por sobre la mayoría que busca salir adelante por las vías correctas.

En estos casos, como en muchos, considero que no es culpa del chancho, sino de quienes les dan de comer. ¿Y quiénes son estas personas? Los gobernantes que nosotros ponemos ahí.

Estos ladrones le pagan a sus amantes millones de guaraníes con nuestro dinero, mientras el país se cae a pedazos.

Me sigue sorprendiendo cómo dejamos que estos delincuentes nos maltraten de esta forma y la única objeción que ponemos son los plagueos en las redes sociales, que importan tanto como las indirectas de parejitas de adolescentes en Facebook. Somos los sumisos en esta relación tóxica entre nosotros, el pueblo y gobernantes. Si delincuentes como estos se atrevieran hacer esto en cualquier otro país, que sea serio, con ciudadanos con las pelotas bien puestas y un poco de amor propio ya le prenderían fuego a todo el rancho. Pero para el paraguayo promedio existen otras prioridades antes que darles una patada a los corruptos, por ejemplo oponerse al debate sobre el aborto o hacerle la guerra a los gays, que pretenden dominar el mundo según algunos boludos.

Mientras seamos sumisos como somos nadie vendrá a salvarnos, si queremos levantar este país y convertirlo en un lugar decente para vivir debemos despertarnos.

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