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La vida para quien paga más

Lula CanoPor Lula Cano

En la ciudad, los chicos ven cómo los padres pagan a funcionarios públicos “para agilizar” documentos o para librarse de una multa en la ruta. Más tarde, las noticias dicen que los jóvenes compran exámenes de admisión en universidades públicas.

En el campo, nuestros compatriotas sufren la expulsión por el avance de los brasileños, que tienen el suficiente dinero para ser dueños de 454 mil hectáreas de tierra.

Es triste ver escuelas cerrarse a causa de falta de alumnos, y no es que nadie quiera estudiar, es que la población se ve obligada a migrar por el avance del cultivo de soja o de la ganadería.

Estos expulsados del sistema vienen hasta Asunción o Central y forman los cinturones de pobreza. A tomar terrenos o construir chocitas en zonas inundables.

Y luego están los inquisidores, los que viven un poquito mejor, azotando a los más pobres. Aquellos que tuvieron la oportunidad de crecer bajo la protección de mamá y papá, en una linda casita edificada en un barrio que alguna vez fue un asentamiento, masacrando con su meritocracia a quienes patalean por no ahogarse en la miseria de un sistema corrupto. En este país, donde las familias de los legisladores planillean a diestra y siniestra morfándose el dinero del Estado ante los ojos de todos, no es raro que la clase media pegue el grito al cielo porque una familia pobre reciba asistencia o sea beneficiada con tarifas sociales. En un país donde triunfan los que obtuvieron sus fortunas a costa de los más pobres no es extraño ver a paraguayos construyendo refugios en las veredas, estudiando bajo un árbol o muriendo en la espera de una atención médica.

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