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El negocio de la salud privada

Tener un sanatorio privado es tener un negocio que no cuenta con una ley reguladora de aranceles. Esto ayuda a que compitan entre sí para lograr la mayor cantidad de “clientes” y lucrar a costa de la salud.

Hace dos semanas, me fui hasta el IPS a sacar turno. En la larga espera, escuché decir a una señora que tener un seguro privado no es un lujo, “es una necesidad”, pero a continuación dijo que “no importa que sea privado o estatal”, “te hacen esperar”. “No es que pedís cita cuando querés, también te hace esperar y mucho. También hay malos tratos”, le decía con el ceño fruncido a otra doñita que estaba a su lado.

Una de las noticias más tristes que podemos oír es la muerte de un niño o una niña. Hace días, escuchamos que el pequeño Renato falleció en uno de los sanatorios más renombrados (o más caros) del país. Donde hubo más dudas que aciertos y desconsuelo.

En Paraguay, la salud es sinónimo de caridad, de polladas, rifas y sorteos, ni siquiera es un lujo para quienes pueden pagar un seguro médico, porque acá llora el que está durmiendo en el piso frío de un hospital regional para obtener un turno con el médico, una cama en terapia intensiva para un familiar o para alguna operación, y “Dios nos guarde”, si es para dializarte o hacerte una quimioterapia, aguardar un turno con la única máquina de radioterapia. Acá, tristemente también lloran los que cada mes aportan una millonada a los seguros privados.

El 2015 cerró un total de 835.005 asegurados en el sector privado a nivel país, según la Dirección de Auditoría Contable de la Superintendencia de Salud, encargada de la habilitación de estos lugares. Esto quiere decir que la salud privada ocupa el 13% de la población; mientras que el sector mixto (IPS), el 23%; y el público absorbe el 64% restante. No importa que lugar ocupemos en esta “torta”, es imprescindible recordar que la salud es un derecho y hay que luchar por ello.

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