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El amor a punta de migajas

Habrá tantas formas de amar como personas en el mundo y eventualmente amaremos a quien sepa correspondernos y con quien podamos proyectar un "nosotros" sin mayores dificultades y sin cuotas de sufrimiento. Otras veces nuestros sentimientos irán dirigidos a quien no los valore, a quien les dé igual el tenernos o no.

Como nadie está obligado a querer a otra persona, es totalmente válido que el amor no sea correspondido, aunque la validez no aminora el sufrimiento. Evidentemente a todos nos gustaría ser correspondidos, pero debemos aceptar que no siempre ocurre.

El amor no duele, es un sentimiento que se disfruta y que se vive con entusiasmo, con ilusión, y con la calma de que estamos con la persona que queremos. Supone una gran paz interior y una liberación en la expresión de nuestro ser. Ante este sentimiento el sufrimiento no tiene espacio.

¿Qué sucede cuando amamos y no somos correspondidos? Esta situación habitual que genera tanto dolor, nos sirve de ejemplo para entender que no hemos aprendido a amar.

Cuando dejamos de encapricharnos por cosas que evidentemente no nos hacen bien, entramos en una etapa liberadora, donde comenzamos a atraer a nuestras vidas cosas mejores. Pero si permitimos que otros sean los que establezcan la cantidad de amor que recibimos, viviremos a punta de migajas y de dadivas y nadie merece eso en su vida, el detalle está justamente en entender que todos merecemos lo mejor, especialmente en el amor.

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