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Columnistas

Compro, luego existo

¿Hasta qué punto necesitamos lo que compramos? ¿Alguna vez te haz hecho esta pregunta? Sabemos que existen miles de servicios y productos a disposición de las personas, muchos cubriendo nuestras necesidades básicas y otros que no son necesarios en nuestras vidas. Sin embargo, los queremos y hasta llegamos al punto de sentir que en verdad no podemos prescindir de ellos.

El concepto del consumo no hace referencia a nada malo ni perjudicial. El problema radica en que esta “necesidad” se vuelve patológica y, cuando esto sucede, ya no se le llama consumo sino consumismo. En la actualidad todos consumimos inmoderadamente, porque consumimos en exceso cosas que no necesitamos, engañándonos a nosotros mismos creyendo que en verdad son necesarios.

La parte más interesante es donde dice que no son necesarios, pues no es necesario tener un celular de última generación para poder mantenerse comunicado, pero es “socialmente correcto” perseguir la tecnología para estar a la moda y no sufrir de exclusión. Es normal que los intereses sociales cambien, lo que no se debe considerar normal es que sea más importante adquirir a base de préstamos y otras deudas, bienes innecesarios y no los “logros anticuados”, como un título universitario o el emprendimiento de un negocio.

Debemos recuperar valores que se han perdido y enseñarle a las nuevas generaciones que no importa el celular que tengas, la discoteca a la que vayas, la bebida que tomes o el lugar al que vas de vacaciones en Semana Santa, siempre serán más importantes los valores que se tengan como seres humanos y las buenas acciones emprendidas en el diario vivir. Los comportamientos de compra más excesivos y descontrolados se deben, pues, a "la insatisfacción y la tristeza vital", quedando "atrapados en un círculo vicioso, tratando de buscar en la compra el alivio a la sensación de vacío que su propio consumismo les provoca".

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