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Bienvenidos a la realidad, ilusos

"Yo quedé como una 'pesada' por reclamar algo a lo que también tenía derecho: viajar en paz".

Tania Sosa CanizaPor Tania Sosa Caniza

Estábamos cruzando la frontera de Brasil para Paraguay. Cuando apenas pasamos, nos dimos cuenta de que nuestro país estaba tal y cual lo dejamos. Algo nos decía: “bienvenidos a la realidad, ilusos”.

Nuestro micro estaba casi lleno, estábamos de lo más tranquilos, hasta que seis hombres, entre ellos señores mayores y otros más jovencitos, se subieron en Aduanas.

Los pasajeros nos miramos con mucha intriga. El chofer había hecho su “extra” a costa de nuestro viaje. Por supuesto que ese dinero no fue rendido a los gerentes de la empresa. Pero lo grave no fue que el conductor haya hecho un favor a los muchachos, total era solo un aventón, lo que sí consideré fuera de lugar fue la actitud de uno de ellos.

El tipo se sentó y enseguida hizo sonar su celular muy fuerte. Desde Ciudad del Este hasta Caaguazú, un buen tiempo, créanme. Horas de música. No importa de qué estilo. En minutos, el viaje se volvió molesto.

Cuando intentamos hacerle entender, de forma diplomática, que podría utilizar auriculares para no aturdir el viaje de los demás, se enojó. Gritó que tenía derecho a “hacer lo que quisiera porque el celular es propiedad privada”. Yo le decía que no se trataba de eso, sino de respetar a los demás también.

No hubo caso... Me chiflaron de aquí y allá para que ya no siguiera. Hasta el chofer tuvo que intervenir y finalmente, los otros pasajeros, que en principio también se molestaron con el tipo, se callaron.

Para muchos ha de ser una pequeñez, pero describe mucho lo que es nuestro país, que se calla hasta las cosas que deberíamos estar gritando todos juntos, como las injusticias. Por reclamar algo que corresponde, te juzgan.

El mal sabor de no poder resolver una simple regla de convivencia se me quedó. Yo quedé como una “pesada” por reclamar algo a lo que también tenía derecho: viajar en paz. Al final, todo el viaje fue a puro ritmo pararã.

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