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Sacerdote se sacó las sandalias y peregrinó hasta Caacupé

El padre Óscar González fue a orar por sus confesados.

En la casa de las Hermanas Franciscanas de María, el padre Óscar Román González, vicario general de la arquidiócesis de Asunción, se desprendió sus sandalias y ajustó los cordones de su champión.

Al levantarse de su cómodo sillón de mimbre, el cura dio cortos saltitos y flexionó sus pies. Asintió con la cabeza y confirmó que el calzado deportivo era lo suficientemente cómodo para ayudarlo a llegar hasta la Basílica de Caacupé.

El pa’i vestía una camisa negra, el cuello clerical y un holgado pantalón oscuro. Solamente lo acompañaba la enorme fe hacia la Virgencita Azul. Peregrinó desde Paraguarí. Se mezcló con los demás fieles en la banquina de la Ruta II, pero no pasó desapercibido.Las mujeres, con sus hijos en brazo, llegaban hasta él y le pedían la bendición.

Los jóvenes lo alentaban y, otros, sorprendidos le consultaban: “¿Por qué pio vos hacés esto si ya sos pa’i?”.

“Tengo dos motivaciones: primero, caminar con los jóvenes; segundo, no dejar de ser uno de ellos. No quiero dejar de ser joven, de vivir lo mejor del catolicismo”, dijo el padre Óscar.

El cura desempolvó su alma de niño en el rencuentro con la Virgen de Caacupé. “El año pasado, me gustó mucho peregrinar, entonces retomé la caminata que hacía desde chico, cuando mis padres me traían”, señaló.

Ya no tiene el cuerpo de seminarista, al pa’i Óscar le dolían los pies y hasta le apretaba el pecho. Perdió el ritmo cuando se hizo sacerdote y le asignaron otras tareas, como la de confesar todo el día.

“Yo vengo a rezar por mucha gente que me pide que ore por ellos, por esa gente que a diario se confiesa conmigo, que tiene muchos pesares. Tal vez ellos no vengan, por eso peregrino yo, por ellos”, manifestó el pa’i.

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