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Niñas explotadas: "en España se paga más por las menores"

Una luz roja en el local de prostitución alerta a las niñas que la policía llegó al sitio.

Al prenderse el brillante foco rojo la alerta también se enciende. Dentro de un mundo de códigos y señales manejadas solo por víctimas y victimarios: esa es mediante la cual, niñas paraguayas saben que la policía española copó el sitio donde son víctimas de explotación sexual. Encendida la alerta ellas entienden que deben esconderse, por su propio bien y el de sus familiares.

Este es el sistema mediante el cual proxenetas tienen bajo amenazas a las menores, que el resto del tiempo en que no son descubiertas por las autoridades, las hacen visibles, para que cada cliente a su elección las tome para someterlas.

De acuerdo a los datos manejados por la Asociación para la Prevención, Reinserción y Atención a la Mujer Prostituida (APRAMP), al menos seis de cada diez niñas prostituidas en el viejo continente fueron explotadas desde niñas, entre ellas, gran cantidad de paraguayas.

“En España se paga más por las menores, cada vez por niñas más jóvenes. Hemos visto casos de 14 años. Y aún se cotiza más el asunto de la virginidad”, dijo Rocío Mora a El Periódico, medio digital de Cataluña que se hizo eco del rescate de una niña de 15 años de nacionalidad nigeriana.

Muchas compatriotas acaban prostituidas al ser llevadas bajo engaño mediante agencias de viajes que ofrecen supuestos trabajos seguros en España como empleada doméstica o en hostelería. La mayoría proveniente de familias humildes, casi todas desconocen el castellano y hablan solo guaraní, debido a que generalmente son niñas traídas de tierra adentro, del interior del país.

El modus operandi es siempre el mismo: les hacen firmar un documento de préstamo de dinero, en el que se expone la cantidad que se les presta y el tiempo en el que deben de saldar la deuda. Si no pagan, amenazan con embargar sus propiedades o bien la casa de algún familiar.

En muchas ocasiones, son las mismas madres de niñas o sus tías, que viajaron a España para trabajar y residen en el país de forma regular, quienes les facilitan el viaje. Sus explotadores las llevan hasta el aeropuerto de Santo Domingo, donde continúan la ruta en avión hasta Turquía. La mayoría de las víctimas descubren el engaño al empezar el viaje, cuando ya no hay vuelta atrás.

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