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Actualidad

Mecánica de motos lucha por sus hijos y su sobrino

Se tuvo que ganar la confianza de sus clientes, más por ser mujer.

Karen Jara (30) es una capa arreglando motos, en el pequeño barrio de Sol Naciente 3 de Villeta. Desde que tomó el curso intensivo para ser mecánica, abrazó con mucha fuerza ese oficio.

Primero un vecino le confió su “máquina”, luego la publicidad fue de boca en boca hasta ir a domicilio a ciudades lejanas, contó a EXTRA. Hace lo posible para capacitarse y estar actualizada con todo lo relacionado a las motos para demostrar que también las mujeres pueden hacer estos trabajos.

Es una emprendedora, hasta hizo cursos de electricidad a domicilio y ya hizo algunas changas.

Herramientas

Cuando le dieron el primer trabajo no contaba con ninguna herramienta hasta que al terminar, pidió como parte de pago que le regalen una llave.

Así empezó intercambiando en algunos casos y comprando en otros, hasta completar lo indispensable para llevar a cabo su laburo. Hoy la gente va a su casa a llevarle las motos pero siempre hay quienes por cuestiones laborales prefieren que haga todo a domicilio.

Por sus hijos

Con mucha emoción expresó que uno de los motores principales para seguir adelante son sus tres hijos y su sobrino.

Es mamá soltera, su expareja tuvo que migrar a España en busca de mejores condiciones económicas pero la pandemia les golpeó muy fuerte.

Aun así, ella nunca escapó de las labores para mantener a su familia. “Si tengo que agarrar una pala no voy a tener ningún problema”, explicó. Sus hijos van a la escuela; la mayor toca el saxofón y él que le sigue, la caja peruana. Su sobri (huérfano) empezó el jardín.

Sueña con darles lo mejor para que crezcan sanos y que puedan seguir estudiando música.

Desconfianza

Lamentó que todavía haya gente que no cree en sus capacidades por ser mujer. Ganarse la confianza de sus clientes fue por lo que más sufrió cuando empezó en el oficio. Hasta ahora piensa que debe hacer el doble para que crean en ella.

“Hay gente que me debe mucha plata. Parece que se burlan de mí por eso se hacen los “ñembotavy” (desentendidos) y no pagan”, señaló. A pesar de esto, sus cliente saben de la calidad del trabajo y no cobra caro: desde 20 mil’i hasta G. 200.000 dependiendo de la dificultad del trabajo y pueden contactar con ella al (0971) 558 595.

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