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"Las ampollas no son nada frente a lo que hizo la Virgen"

Los Cardozo contaron qué los impulsó a pagar la promesa.

Juntó sus manos y se echó a llorar, el cansancio y el dolor habían hecho ya estragos en su cuerpo, pero su espíritu no decayó al ver el rostro de la Virgencita Azul de Caacupé.

Así llegó Cirila Cardozo junto a su familia hasta el Santuario.

Habían recorrido 115 kilómetros a pie desde Yataity, distrito de Guairá, y al llegar junto al Kurusu Peregrino se alistaron para continuar la marcha arrodillados, tal como lo prometieron hace 22 días.

¿Qué los motivó a semejante muestra de sacrificio y fe?

“Nuestra mamá Andresa Benítez se enfermó, los médicos dijeron que ya nada se podía hacer por ella. Mi hermana nos contó que ya no se movía ni hablaba”, respondió Rumilda Cardozo, hermana de Cirila.

Ante la desesperación de toda la familia y con una terrible impotencia, la mujer contó que dobló sus rodillas y suplicó a la Virgen que arrebate de las garras de la muerte a su mamá.

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“En ese momento lo único que me vino en la mente fue la cara de la Virgen de Caacupé y del Dios Padre y ahí le pedí el milagro. Le prometí que si cumplía yo llegaría junto a ella de rodillas desde el Kurusu Morotî (Peregrino)”, recordó.

Pasaron tres horas y el soplo de vida llenó los pulmones de doña Andresa. “Recibí otra vez la llamada de que le habían quitado ya el oxígeno, era de no creer”, relató.

Odisea

La comitiva de la familia Cardozo estuvo compuesta por 7 personas. Eumelio Agüero, sobrino de Rumilda, se sumó a la desafiante promesa de llegar arrodillados junto a la madre de todos los paraguayos.

Adoloridos, cansados y hasta heridos, finalmente el miércoles cerca de las 4:00 pudieron decir: misión cumplida.

“Las ampollas no son nada en comparación con lo que hizo nuestra madre por nosotros”, agregó Rumi, quien contó que doña Andresa también peregrinó a pie hasta los 65 años.

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