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En el cole se burlaban de ella y hoy vuela como mecánica

Aprendió a reparar coches desde niña, gracias a su papá. Hace poco abrió su propio taller con su hermano, en Limpio.

Desde los 9 años, Shirley Diana Ramírez Ortiz (19) comenzó a curiosear al ver que su papá arreglaba los autos. Mientras le cebaba tereré, preguntaba para qué servía cada herramienta. Así fue naciendo su amor por la mecánica y, aunque era una nena todavía, ya era la mano derecha de su padre.

“Mi papá me explicaba para qué servía cada llave y cómo debo tratar a los clientes. Cuando tenía edad para estudiar en el SNPP, realicé cursos de electricidad y ahora de a poco me estoy convirtiendo en toda una profesional”, dijo emocionada la chica. Ella desea seguir estudiando inyección electrónica, pero como eso tiene su costo, está juntando primero su platita.

Diana tiene 8 hermanos varones que son también mecánicos y 5 hermanas, pero entre las mujeres solo a ella le gusta arreglar autos. “Mis hermanas tienen otras profesiones de mujeres, por decirlo así, solo a mí me gusta ensuciarme con los autos”, reveló. La joven vive en el barrio Peñón 1 de Piquete Cué, Limpio.

Hace poco abrió su propio taller junto con uno de sus hermanos. El sitio está ubicado frente al Centro de Salud de Piquete Cué. Pero también realiza trabajos a domicilios, para ello solo deben llamarla al (0994) 545 072.

Discriminación

Cuando aún estaba en el colegio, Diana recibía la admiración de sus compañeras, no así de los varones que trataban de desalentarla, diciendo que la mecánica es solo para varones y no para mujeres. Ella no les hacía caso, ya que siempre tuvo el apoyo de sus familiares, que la alientan a seguir su sueño, el de convertirse en la mejor profesional del mundo de los motores.

Diana también contó que algunos clientes no confiaban en ella y que le pedían a su hermano que les vea el vehículo. “Una vez un cliente vino y le dije que yo le iba a atender. En eso me pidió que mejor sea mi hermano, le llamé y él le dijo que tenía mucho trabajo, que no podría revisar y que yo lo iba a ser. Cuando terminé, el señor se sorprendió y ahora es mi fiel cliente”, relató la limpeña.

Lo que más le costó fue desarmar el motor y ponerlo nuevamente en el punto de arranque, explicó. “Ahora ya sé de memoria, hasta con los ojos cerrados ya hago”, manifestó entre risas la señorita.

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